Para comer hay que matar
Ya amaneció, viene un día manso. El sol chorrea sobre la sierra y la dehesa extremeña, oigo ladridos y siento cercano un rebaño de churras. Las huelo. Verdea bajo las encinas y las matas de carrasca se despiden del rocío que las cubre. Estoy abrigado hasta las cachas, gorra, guantes y bufanda, las botas colganderas ya de barro. Me acerco a la porquera y allá están, son cinco los cochinos. Ser testigo del sacrificio de un guarro es conmovedor, hermoso, cala de profundo respeto. Son las reglas del juego, me digo, sí, sí, yo, que presumo y disfruto de mi aislamiento voluntario: vivo en el campo y cuando me levanto, allá afuera, ante el verdor de mi casa, crecen árboles y una hierba fluorescente. Aquí sí, pienso, en esta dehesa siento la naturaleza verdadera y todos los gestos a los que los hombres civilizados dan la espalda, pero que yo hoy olfateo y reconozco cercanos, míos de veras. Estoy muerto de frío. Me veo reflejado en tres paisanos, matarifes, que se menean durante el sacrificio con la misma soltura que yo gasto esquivando coches con mi moto en un atasco. No perdí mi conexión con lo profundo, lo antiguo y elemental. Para comer hay que matar. Morir. Caput. ¿Lo vas pillando? El transistor, la tele y las prisas, no te dejan escuchar con nitidez el berrido de la naturaleza, que se desploma y cae rendida para todos nosotros. Estos baldes de sangre son de buen provecho, no pierdas nunca el norte, me digo. Ostras qué frío. Dichosos mis ojos misericordiosos y después de esta carnicería muéstrate dócil y agradecido al guarro, tu dios verdadero (y a las vacas rubias gallegas, tórtolas, becadas y todo lo que chorree sangre, por los siglos de los siglos). Si eres vegeta, apiádate de mi, soy un animal. El resto de la historia me la guardo, aprieta tu cinto y si te atreves, no digas que no te lo advertí, pincha aquí. La vida misma, como en las pelis de Visconti.
10 comentarios:
aaaay gueeeeyyy!!! nunca había visto algo así, no pude terminar de verlo! me quedé.... speechless!
se necesitan tilines para presenciar eso, ufff
¡Hay que joderse! La última vez que pasé por Barcarrota -a ver si terminan de una vez la circunvalación y dejamos de molestar al paisanaje-, a la salida del pueblo, según vas para Almendral, a la derecha -¿es que allí no hay cochinos?- se cruzó mi mirada con la de ese bellotero que, después de pegarse un pedazo de eructo, me sonrió como hacía tiempo no me había sonreído nadie. ¡Puta vida!, ¡Porca miseria!, ¡Qué jamón más rico!
Salud.
¿Gore? Sí. ¿Real? Sí. ¿Toda una fiesta? Sí.
Tengo recuerdos de estas matanzas aunque con cochinos blancos. Recuerdo a mi abuela removiendo la sangre que caía en una tinaja de barro con muchas batallas, recuerdo que inmediatamente se hacían las morcillas y se limpiaban la tripas cuidadosamente, recuerdo los chicharrones, las cortezas, el hígado, el chichurro, el jamón cubierto de sal, mi madre repartiendo un poco de cada pieza entre las vecinas del pueblo, los carrillos sonrosados de mi abuelo, el cuchillo matancero, el frío, el sol de otoño, la vida feliz.....
Todo eso me provoca esta escena.
Gracias.
P.D: reconozco que quien no lo haya visto nunca se sentirá regular pero esa escena es vida real.
Os envío este artículo de MartÍn Ferrand escrito en la revista SEMANAL (3/02/08)
LA MATANZA
En el restaurante Virrey Palafox (Universidad, 7. Burgo de Osma, Soria), una de las tres o cuatro mejores cocinas de Castilla y León, acaban de celebrar la XXXIV edición de lo que ellos llaman Jornadas rito-gastronómicas de la matanza. Está bien visto. Como decía el ya desaparecido antropólogo José Antonio Jáuregui, «Europa, como comunidad cultural, gira en torno a dos importantes bisagras: Cristo y el cerdo (servatis servandis y dicho con todo el respeto científico merecido)». En España, además, el cerdo marca la frontera que separa la cultura cristiana de los judíos y árabes y por ello es válido calificar la matanza como rito-gastronómica. Según afirma, con precisión notarial, el viejo refrán, «más cristianizó el jamón que la Santa Inquisición». En la misma línea en la que se cruzan la nutrición y la fe, tampoco hay que olvidar el que sentencia: «Cristiano viejo y tocino añejo». En tierra de conversos, el cerdo, y todos sus deseables productos, tiene valor de identidad.
A partir de san Antón y hasta el carnaval es tiempo de matanza en España y, aunque no es frecuente la carne de cerdo en nuestros restaurantes de postín, en algunos, como en Atrio (avenida de España, 30. Cáceres), uno de los tres o cuatro mejores restaurantes españoles al sur del paralelo 40, celebran la ocasión de la matanza reforzando en su carta de temporada imaginativos platos con base en el ibérico, el más suculento y agradecido de todos los cerdos conocidos en las cocinas del mundo. Su amplísima bodega, con más de 700 referencias bien seleccionadas, puede rendir armas al animalito que, de suyo, vive en el fango y al que conviene recibir con vino.
Manuel Martín Ferrán
Me encanta el refrán que dice: "más cristianizó el jamón, que la santa inquisición".
Un saludo a todos.
Querido Guaje, esperamos que si vuelves a escribir en este lugar, te guardes de tanta publicidad al divino botón: el señor Ferrán ya tiene quien publique sus (interesantes pero interesados) comentarios, los restaurante que cita (donde seguro que te sientes en tu propia casa), también. Así pues, abstente, querido. Glotonia no está para chunchunes de esta índole. No nos gustaría comenzar a utilizar las tijeras, pero tampoco se nos caerán los anillos por ello. En cuanto a tu saludo, lo recibimos gratamente y te lo devolvemos ampliado, si cabe. Hasta la próxima, cuídate.
Para la gente que de pequeños vivimos la matanza del cerdo (blanco y grande como un Boeing 737, en mi caso)estas imágenes nos traen muchos recuerdos y sensaciones de la infancia (un frío que pelaba, toda la familia parriba y pabajo cacharreando, la bombilla de 25W alumbrando el final del día y de la faena...)
Pero para matar (y no me refiero sólo al cerdo, sino a todos los mamíferos que nos comemos) hay que valer, y yo aún no sé si quiero heredar esa valentía de mi madre, que sacrifica desde hace años, sin dolor de su corazón, a los animales que cría con mimo en su corral...
He leído y releído en vuestro divertido blog, por si encontraba el manual del buen bloguero de Glotonia. Me hubiese gustado leer lo que se puede hacer, y lo que no se puede hacer para evitar estos sermones.
Lo más parecido que he encontrado y que os moleste es lo siguiente:
Dicho por vosotros. Nº4. Muchos blogueros afirman “tener ganas de criticar”. El crítico es uno de los mayores fabricantes de nada, en una sociedad con insaciable apetito de naderías. Ejercer de críticos no es nuestro papel, nos negamos a deshuesar la cocina, a abanderar esa pretendida modernidad y a erigirnos defensores de una u otra tendencia.
¡Querido y amado Glotonio!
Graso error el mio, y justa reprimenda por vuestra parte entiendo. Mi error ha sido hacerte participe, de un artículo que venía a colación del vuestro, "PARA COMER HAY QUE MATAR". Un artículo a mi entender simpático y bien escrito.
Glotonio, comentarte también, porque parece que a ti te gusta sacar punta a todo, que tu no tienes ni pajolera idea de donde me siento como en casa. Con respecto a estos restaurantes decirte, "QUE NI LOS CONOZCO".
Glotonio me dice: No nos gustaría comenzar a utilizar las tijeras, pero tampoco se nos caerán los anillos por ello.. Vuelvo a leer el artículo, mis dos frases, y no veo dónde coño os he insultado, para que la santa inquisición me persiga de esta vuestra manera. La siguiente vez quedaría mejor.... "a que saco el cinturón".
Lo que está claro es que Martín Ferrán no os gusta, eso está claro.
En cuanto a tu saludo, lo recibo yo muy agradado de que el mio anterior os haya agradado más, y te lo devuelvo mucho más ampliado, si cabe. Hasta la próxima, cuídate, que te vaya bonito.
hola, soy el glotonio grande y a mi sí me gustan las crónicas de martín ferrand, quede claro. me atrae su casposidad, su ranciedumbre y su pluma bien cargada, elegante. a veces coincido con sus apreciaciones, otras muchas no. guaje, gracias por tu tiempo y atención, saludos polifónicos y estereofónicos. salud!
¡Amores reñidos los más queridos!
Ya volvemos a ser amigüitos. Me gusta más "el talante" del Glotonio Grande.
Tampoco yo coincido siempre con Ferrán ni con nadie, a veces ni conmigo mismo,¡Qué eso, ya es no coincidir!
Simplemente el artículo del Sr. Ferrán sobre la matanza, me pareció agradable y simpático, además de un detalle para vosotros y para los que os leemos por la relación de vuestro blog con su escrito, aunque tu "socio" no lo vio de mi misma manera.
De todas formas, muchas gracias Glotonio Grande, por las formas, y por el modo.
PD: Cada vez se parece más esto a la anécdota del escritor/actor y mil cosas más Don Fernando Fernan Gómez, cuando fue el hombre aquel a que le firmará el libro.
Pero esa es otra historia........
Un saludo a todos.
oink oink!
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