De mafias
Sección:
De Profundis,
Materia de reflexión
Hola, soy Etxebe, un colega de estos dos impresentables jabalís que me invitan a escribir un poquito.
Hace ya demasiados años, me propuse hacer un documental sobre las angula y el sufrido trabajo de los anguleros. Eran los tiempos en que se inventaba la gula dichosa, que nada tiene que ver con el pececito ese que arriba a nuestros ríos desde el mar de los Sargazos. Es bien cierto que la angula no había llegado a los extremos de mercado ni a las locuras que hoy conocemos, pero había arrancado en su camino de perdición. Como digo, me proponía hacer un documental recreativo, antropológico y todo eso, que al final acabé haciendo como pude, aunque sin demasiado éxito: pesca, tratamiento, comercialización, futuro de la especie... No lo vio mucha gente. Esa es la verdad.
En una de estas, buscando financiación, me vi en una sala Vip de la tele, ante ocho o nueve anguleros que había convocado yo mismo, intentando dirigir aquel cotarro. Me río de los Soprano y de la casta de los Corleone. Aquellos hombres eran de los que habían empezado pescando en noches frías y lluviosas de invierno, pero por aquel entonces se dedicaban exclusivamente a la comercialización. Traían la angula de donde fuera, y, si hacía falta, mandaban exploradores a África o al fin del mundo. La cuestión era pillar más que ningún otro, y nada ni nadie era obstáculo en aquel afán que los poseía. Se les veía curtidos en mil trajines y con caras de pocos amigos. La mayoría vestían boina y camisa a cuadros y fumaban tabaco negro y barato, pero en la puerta aparcaban automóviles que yo no podría comprar ni con el sueldo entero de un par de años. Se quejaban de los pésimos tiempos que corrían, de que el mercado estaba imposible, de que no había derecho... y, apenas sin hablar y sin que yo llegara a alcanzar el motivo, se lanzaban miradas venenosas llenas de pus entre sí. Parecían estar cargados de razones para estar enfadados todos con todos y se les adivinaban ganas de saltarse mutuamente al cuello.
No hubo acuerdo de ningún tipo: era imposible que coincidieran en lo más mínimo. Mucho menos en ayudar a un patán de mi calibre con ínfulas de documentalista que aparentaba, además, no albergar malicia alguna. Supongo que se partirían la caja por dentro al comprobar que yo no estaba hecho de su misma pasta y que estuve a punto de ensuciar mi ropa interior cuando puse una cifra encima de la mesa, por decirlo fino.
(No sé por qué traigo aquellos tiempos de anguleros a colación. Será que miro cómo andan entre sí ahora mismo nuestros más grandes cocineros.)
Hace ya demasiados años, me propuse hacer un documental sobre las angula y el sufrido trabajo de los anguleros. Eran los tiempos en que se inventaba la gula dichosa, que nada tiene que ver con el pececito ese que arriba a nuestros ríos desde el mar de los Sargazos. Es bien cierto que la angula no había llegado a los extremos de mercado ni a las locuras que hoy conocemos, pero había arrancado en su camino de perdición. Como digo, me proponía hacer un documental recreativo, antropológico y todo eso, que al final acabé haciendo como pude, aunque sin demasiado éxito: pesca, tratamiento, comercialización, futuro de la especie... No lo vio mucha gente. Esa es la verdad.
En una de estas, buscando financiación, me vi en una sala Vip de la tele, ante ocho o nueve anguleros que había convocado yo mismo, intentando dirigir aquel cotarro. Me río de los Soprano y de la casta de los Corleone. Aquellos hombres eran de los que habían empezado pescando en noches frías y lluviosas de invierno, pero por aquel entonces se dedicaban exclusivamente a la comercialización. Traían la angula de donde fuera, y, si hacía falta, mandaban exploradores a África o al fin del mundo. La cuestión era pillar más que ningún otro, y nada ni nadie era obstáculo en aquel afán que los poseía. Se les veía curtidos en mil trajines y con caras de pocos amigos. La mayoría vestían boina y camisa a cuadros y fumaban tabaco negro y barato, pero en la puerta aparcaban automóviles que yo no podría comprar ni con el sueldo entero de un par de años. Se quejaban de los pésimos tiempos que corrían, de que el mercado estaba imposible, de que no había derecho... y, apenas sin hablar y sin que yo llegara a alcanzar el motivo, se lanzaban miradas venenosas llenas de pus entre sí. Parecían estar cargados de razones para estar enfadados todos con todos y se les adivinaban ganas de saltarse mutuamente al cuello.
No hubo acuerdo de ningún tipo: era imposible que coincidieran en lo más mínimo. Mucho menos en ayudar a un patán de mi calibre con ínfulas de documentalista que aparentaba, además, no albergar malicia alguna. Supongo que se partirían la caja por dentro al comprobar que yo no estaba hecho de su misma pasta y que estuve a punto de ensuciar mi ropa interior cuando puse una cifra encima de la mesa, por decirlo fino.
(No sé por qué traigo aquellos tiempos de anguleros a colación. Será que miro cómo andan entre sí ahora mismo nuestros más grandes cocineros.)

7 comentarios:
Etxebe, amplia por favor este relato! Queremos más! Un detalle: en San Juan de la Arena (Asturias) hay dos familias enfrentadas desde hace generaciones por el negocio de la angulita dichosa...dichosa en el mejor sentido, of course
Querido Rodrix, seguro que Etxebe podría seguir explayándose ad infinitum sobre el tema de los anguleros,pero nos tememos que su entrada es sobre otro tema: los ilustres cocineros que tanto brillan. Y en esa cuestión no hay quien le tire de la lengua. Llevamos gastadas (invertidas) tres botellas de vodka helado, y nada.
Hola Etxebe!
Soy kypt@nuy, la autora de la imagen que ilustra tu relato.
Me alegro que la hayas escogido, lo cual significa que te gusta, pero no me sienta bien que no hayas pedido antes mi permiso. Por ello, te agradecería que si en otra ocasión tienes intención de insertar otra foto, de quien sea, pidas antes su consentimiento, que seguro que te lo dá: cuestión de cortesía, sin más.
(Todos mis trabajos tienen la licencia de "Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas" de Creative Commons)
Gracias,
Kypt@
p.d : siempre estaré encantada de colaborar!
Helena, te agradezco mucho la observación. Por pereza (no sé cómo se hace), y porque éste no es un blog poderoso, creía que era suficiente con poner sobre la foto el link de la autora, que de esa manera había un reconocimiento explícito a la autoría, que, a modo de compensación y buen rollo, se conduce a los lectores de uno, al lugar del otro, pero veo que no es suficiente. Te agradezco la lección, y me pongo manos a la obra (a ver si acierto cómo diablos se pone), pero no sin antes darte las gracias y felicitarte por tu magnífica foto.
Etxebe
Por cierto, ya he hecho algo en la foto. Espero que sea suficiente. Pero no acierto a enviarte un correo personal, y eso me hace pensar en cómo demonios he de pedierte el permiso correspondiente. No encuentro tu mail por ningún lado. Será que estoy ciego.¿Cuál es el procedimiento?
Muchas gracias.
Etxebe.
Hola Etxebe!
Perdona el retraso...
Puedes encontrar mi mail en mi perfil the Flikr, al final de la página, en una sección llamada "contacto".
Al "perfil" se accede desde la página principal del usuario (kypt@nuy)que es la "Galería". Allí se encuentran los enlaces principales.
Muchas gracias por el interés que has demostrado! Espero que ésto te sirva de ayuda... ya me dirás!
Hola, somos una asociación cultural de San Juan de La Arena Asturias que estábamos interesados en el documental sobre la angula de Etxebe
nuestro correo es info@garabuxada.com
Espero que leáis el correo
Un saludo
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