De hambre en esta casa no morirá nadie
Mis amigos y yo tenemos la costumbre de juntarnos alrededor de una mesa. Hartos de que nos sirvan comida mediocre y cara, el sábado nos reunimos en mi casa. Nos dimos un banquete hasta desabrocharnos el botón del pantalón. Y para eso no nos hace falta comer angulas.
De primero, verduras y setas salteadas con parmesano rallado. De segundo, solomillo con pimientos del piquillo caramelizados (se extienden en una sartén, se cubren de aceite y se deja que se hagan, poco a poco, a fuego lento). Y de postre, fresas con nata.
Después vinieron las copas: kaipiroskas con frutos del bosque. En un principio iban a ser de fresas, pero encontré frutos del bosque congelados en el supermercado. Todo un apaño. Se ponen dos dedos de frutos del bosque en un vaso y se le añaden dos cucharaditas de azúcar. Se mezcla. A continuación, se le echa hielo picado hasta un poco más de la mitad del vaso y un chorro de vodka (al gusto). Se mezcla todo y se le añade soda.
Las kaipiroskas triunfaron. Tanto que la comida se juntó con la merienda (cabrales, idiazabal, lomo y jamón ibérico), y la merienda con la cena: pasta con setas.
De otra cosa no sé, pero de hambre en esta casa no morirá nadie.
(Enviado por Izaskun Pérez)
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